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Categoría: Colaboraciones
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En cada clase, hay alumnos que aprenden más fácilmente y otros que tienen dificultades para seguir las clases. Nadie está a salvo de sacarse una nota baja, alguna vez que otra. Pero ¿qué hacer cuando estos problemas son persistentes? Algunos alumnos pasan años sin poder adaptarse al ritmo de las clases o incluso a aprender lo básico - la lectura y la escritura. Los padres y los maestros son los primeros en notar los signos de que algo no está bien. Pero no siempre logran identificar las causas del problema.

En general, los profesores no están preparados para percibir qué es lo que impide el aprendizaje de los estudiantes, dice Sandra Torresi, profesora de neuropsicología en la Universidad de Morón, Argentina. Ella dice que ellos no están obligados a hacer diagnósticos, ya que eso depende de la evaluación de diferentes profesionales, como psicólogos, fonoadiólogos, neuropsicólogos, neurólogos, psiquiatras, entre otros. "Pero todavía falta comprensión sobre el proceso de aprendizaje en sí. Muchos profesores no tienen conocimiento ni del desarrollo normal de los niños. Y sólo enseña bien quien sabe como se aprende", dice Sandra.

En Brasil y en otros países en desarrollo, los investigadores estiman que entre el 40% y el 42% de los estudiantes de los primeros grados tienen dificultades de aprendizaje. De éstos, 4% a 6% tienen trastornos de origen neurobiológico.

Las dificultades en el aprendizaje pueden ser consecuencia de fallas en el método de enseñanza y en el ambiente escolar. También puede pesar factores relacionados con la vida familiar y las condiciones psicológicas del niño.

En los trastornos o desórdenes de aprendizaje, hay problemas en áreas específicas del cerebro. "Hay una característica de origen genética, neurobiológica. El niño nace con una falla de procesamiento. No quiere decir que no va a aprender, va a aprender, sólo que de una manera diferente", dice Sylvia Ciasca, docente en Neurología Infantil en la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) y coordinadora del Laboratorio de Dificultades, Trastornos del Aprendizaje y Trastornos Atención (Disapre) de la institución. Según ella, los disturbios son menos frecuentes que las dificultades escolares.

Rosa Maria Junqueira Scicchiato, psicopedagoga y profesora de la Universidad Estadual de Londrina (UEL), dice que en su experiencia de atención clínica, es más común encontrar problemas en el sistema educativo. "He visto casos de niños que no sabían leer y escribir, porque nadie se había sentado con ellos a enseñarles. Sólo eso. Ellos no tenían ningún trastorno. Fue sólo prestarles atención, usar el método apropiado y ellos aprendieron". Para ella, aulas atestadas y la deficiente capacitación de profesores en todo el país son los mayores villanos de la educación.

Las investigaciones científicas sobre trastornos del aprendizaje son relativamente recientes: adquirieron relevancia a partir de la década de 1980. No hay pruebas estandarizadas mundialmente para el diagnóstico de ellos, aunque existen referencias importantes. Esto hace que sea difícil encontrar niños con un diagnóstico concreto más allá de los más conocidos dislexia y trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o sin hiperactividad (ADD).

La dislexia es un trastorno específico de las operaciones relacionadas con el reconocimiento de palabras, tal como lo define el libro Trastornos da Aprendizagem: Abordagem neurobiológica e multidisciplinar, de la neuropediatra brasileña Newra Tellechea Rotta y otros autores (Editora Artmed). Los disléxicos tienen dificultades para identificar las letras con precisión y velocidad, y para formar sílabas. Hay diferentes grados de compromiso y los síntomas varían según la edad. Niños en etapa escolar sufren a menudo para adquirir la habilidad de leer y escribir, y cuando lo logran hacen todo a un ritmo más lento que el de sus compañeros. Para ellos, las actividades de copiar del pizarrón, escribir redacciones y hacer pruebas argumentativas son actividades penosas.

Un adulto con dislexia presenta fallas principalmente en el hemisferio izquierdo del cerebro y en regiones parietales: áreas responsables del procesamiento del lenguaje. Terminan siendo menos activadas de lo que deberían en el momento de la lectura y de la escritura. Con tratamiento, el disléxico logra aumentar la activación de las regiones, pero nunca de la misma manera que una persona sin la enfermedad. Sylvia Ciasca, Unicamp, dice que el cerebro es capaz de adaptarse y encontrar otras maneras de cumplir sus funciones.

En cuanto al TDAH y TDA no son definidos, necesariamente, como trastornos de aprendizaje, pero por afectar la atención y la concentración -elementos esenciales para los estudios- por lo general causan dificultades. Además, es común la coexistencia de trastornos. "De cada 100 niños con TDAH, de 10 a 15 también tienen otro trastorno de aprendizaje", dice Luis Augusto Rohde, profesor de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) y profesor de psiquiatría de la infancia y adolescencia en la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS). Según él, hay gran diferencia entre una persona con cierto grado de agitación y una con falta de atención e hiperactiva. "Se convierte en un problema de salud cuando causa daño en la vida del individuo."

Los niños con este trastorno presentan síntomas persistentes en ambientes diferentes: en la escuela, con la familia y con los amigos. Está prácticamente todo el tiempo en movimiento y sufre para concentrarse en una sola actividad.

Otros trastornos -menos diagnosticados, pero cada vez más estudiados- son las discalculias, las disgrafias, y el trastorno no verbal.

Un estudiante con discalculia es aquel incapaz de aprender matemáticas. No se trata de dificultades ocasionales en algunos grados en los que la disciplina es más exigente, sino de la incapacidad de aprender conceptos básicos.

"Un niño con este trastorno piensa en otra lógica y no puede, por ejemplo, transformar cantidades en números, o comprender que la secuencia numérica es de izquierda a derecha", afirma Ângelo Rezende, neurólogo infantil y de la adolescencia e investigador de la Universidad de São Paulo. Él cuenta el caso de una niña de 9 años, con discalculia severa, que memorizó los números, pero no había entendido lo que representaban. Para ella, cada uno era un personaje diferente en una historia. Estudios con resonancia muestran que en el cerebro de los niños con discalculia, hay una menor activación en las regiones prefrontal y parietal durante las tareas de cálculo.

Los disgrafias son los trastornos relacionados con la escritura. Son causadas por fallas en las áreas del cerebro responsables de la parte motora fina (lóbulo frontal). Las personas con dificultades en este campo no pueden controlar totalmente pequeños músculos en la mano. Los problemas de la escritura dificultan la comunicación y exigen mucho esfuerzo a los estudiantes, quienes a veces quedan con poca energía para prestar atención al contenido del texto. "Normalmente, la computadora es un gran aliado en el tratamiento de estos niños", afirma Sandra Torresi, de la Universidad de Morón.

El trastorno no verbal (TANV) es un trastorno poco frecuente y está relacionado a procedimientos de estudio. La psiquiatra Gabriela Dias, especialista en salud mental y desarrollo del niño por la Santa Casa de Río de Janeiro, dice que el TANV afecta principalmente a la coordinación motora, la percepción sensorial y espaciales y a las habilidades sociales. Algunos de los síntomas son similares a los de los niños con autismo y síndrome de Asperger. Ellos tienden a tener pocos amigos, hacen interpretaciones literales de los acontecimientos y mantienen conversaciones fuera de contexto. También tienen dificultades para analizar, organizar y sintetizar la información.

Todos los expertos consultados por el semanario Época dejaron en claro que ningún niño con dificultades de aprendizaje o trastornos tienen inteligencia por debajo de lo normal. Ellos sólo necesitan que les definan otras estrategias y, muchas veces, precisan de atención especializada para avanzar en el estudio.

"Cuando no logran aprender, los niños sufren. Y les dicen desinteresados, perezosos, burros", dice Sandra Torresi. "Ellos necesitan atención, métodos de enseñanza apropiados, estímulos positivos y que alguien les muestren lo que hacen bien, no sólo lo que hacen mal".